Amares…

Era el nombre de la sirena más bella que se tenga recuerdo. Pura, etérea, de largos cabellos color turquesa y escamas brillantes que iluminaban todo a su alrededor.

Poseía un talento innato para el canto y también una timidez que le impedía hacerlo en público. Solía cantar en sus momentos de soledad y en las noches de Luna llena, mientras los peces bailaban a su alrededor.

Producto de una desilusión amorosa su voz y belleza se apagaron. Amares decidió huir de las  aguas nortinas que le recordaban a ese ingrato y traicionero amor y así buscar refugio en las playas del litoral central. Allí entre bellos bosques de pino y calmada aguas de Pelancura se refugió con su tristeza.

Al correr de los días, la belleza y tranquilidad de su nuevo refugio le fue devolviendo la calma y la paz que necesitaba. Poco a poco dejaba atrás sus penas y sus cantos melódicos y hermosa voz, cada vez tomaban más fuerza.

Las noches de Luna llena nuevamente estaban siendo testigos de su bellos cánticos. Lo que no sabía Amares, es que no solo la Luna y el paisaje de Pelancura estaban siendo testigos de su hermosa voz, sino también Juan, un solitario y viejo pescador, que como cada quincena, salía mar adentro en busca del sustento.

Juan quedó perplejo al oir la voz de Amares, pero su visión nocturna le impedía verla. Fue así que cada noche de Luna llena, Juan, buscaba entre las olas aquella misteriosa mujer de voz dulce.

Un buen día, Juan, mientras pescaba siguió el sonido de los cantos y Amares producto de la fuerza de las olas asomó su cabeza contra el bote. Se miraron y algo inexplicable nació en sus corazones y contra al margen de toda voluntad se enamoraron.

Nunca más estarían solos .Juan cada vez que llegaba le traía los mejores productos  del mar, en modo de agradecimiento de tanto amor y ella a la vez, le preparaba los sánguches más variados mientras cantaba bajo la Luna llena.

El desafío de “Amares” era sorprender a su incondicional Juan con frutos del mar y la tierra, los más frescos vegetales y novedosos ingredientes que daban como resultado sorprendentes sabores, los que eran su compañía y le daba ancias de regresar sano para descubrir la nueva experiencia culinaria que Amares” tendría preparada.

Pero lo que no sabrían nunca es que jamás dejaron de esperarse, él allá en la mar aguardando su llamada y ella, allí a lo lejos, anhelando su llegada.

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